miércoles, 11 de mayo de 2011

Abayubá Rodríguez: atleta diabético en el Aconcagua


"VENCIENDO AL ACONCAGUA", escrito por el Prof. Abayubá Rodríguez

"Un grupo de deportistas con Diabetes, luego de un prolongado entrenamiento, decidió emprender la enorme tarea de conquistar la cumbre del Aconcagua. Dificilísimas condiciones climáticas impidieron la llegada a la cumbre, pero el grupo humano pudo ascender a 5.500 metros en la montaña, y conocer de primera mano los problemas que la Diabetes acarrea en esas condiciones extremas de vida.


-Danos primeramente una breve síntesis de tu actividad profesional y deportiva.
-Soy profesor de educación física, me dedico al área del entrenamiento deportivo, casi se podría decir exclusivamente al deporte del triatlón, el cual practico también, ahora ya no a un alto nivel competitivo, sino a nivel participativo, y además tengo un centro de entrenamiento en el que formamos gente desde las etapas iniciales justamente, hasta etapas más avanzadas inclusive atletas.

Esto vendría a ser la condición deportiva, pero lo relaciono con lo profesional, porque me es difícil muchas veces diferenciar justamente hasta qué punto estamos siendo deportistas y hasta qué punto estamos siendo profesionales del área, o entrenadores o maestros inclusive.

Sumado a esto, yo tengo Diabetes desde hace 24 años. Tengo 42, así que he pasado más de la mitad de mi vida con Diabetes, y he convivido con lo que es la patología durante todo este tiempo. Entonces, paralelo a lo que es el desarrollo profesional, por trabajar con deportistas en todas las instancias, porque el deportista cuando empieza, cuando se decide, y por más que no tenga un nivel competitivo al principio, sí le está poniendo todo su empeño, entonces aunque no tenga mucho rendimiento, si está poniendo todo su empeño, está haciendo su rendimiento máximo.

Entonces nosotros apuntamos al rendimiento máximo, no al alto rendimiento, que es otra cosa. Y bueno, juntamos un grupo de amigos ahora, que también son deportistas de alto rendimiento, pero con Diabetes, y al igual que yo participan en competencias, maratones, triatlones, y armamos lo que es el proyecto “Bandera al Cielo”, que tenemos hace 4 años y culminó este último mes con lo que fue el ascenso al Aconcagua.


La idea era mostrar que era una alternativa diferente, no fue gente que se preparó específicamente para esto, sino que a su vida cotidiana deportiva, de hacer carreras, maratones, triatlones, escalada, le agregó una guía precisa, que es un momento determinado, 4 años, 3 años y pico, que nos juntamos y fuimos haciendo una escala entre que íbamos intercalando eventos deportivos, como son maratones, como son travesías, como son ultramaratones, y con diferentes ascensos. Empezamos alrededor de los 3.000 y fuimos progresivamente hasta llegar al Aconcagua.

Se fue dando el aprendizaje de cómo manejarnos en la montaña. Primero que nada nadie sabe mucho cómo va a sentirse en la montaña, y lo que hay que hacer es aprender, y hoy por hoy te podría decir que creo que nos quedamos cortos con ese aprendizaje, porque fuimos al Aconcagua y aprendimos tanto como en estos últimos 4 años, por las alternativas que significa esto.

-¿Cuáles fueron los principales retos a los que debiste enfrentarte en esta aventura?
-No sé si llamarlo aventura, porque suena a aventurarse. En este nuevo camino, en un camino de ver, con las alternativas, con los elementos, con las condicionantes que nosotros sabemos que tenemos, cómo nos manifestamos en esto. Entonces sería más que aventura, un experimento: experimentamos en forma práctica y dinámica, -porque no hay mejor teoría que la práctica, ver cómo nos manifestamos en esto, ante todas las condicionantes que hay particulares para cualquier persona que se podría decir “normal”, le agregamos la Diabetes, entonces los elementos que tienen que ver es todo esto. En la montaña el cuerpo está deprimido, está en insuficiencia respiratoria, es como que trabaja en forma no tan eficiente, entonces tuvimos que ver justamente cómo era la alimentación, cómo asimilábamos la alimentación, cómo era la insulinización, cómo reaccionaba la Insulina, cómo funcionaban los aparatos.

Un estudio muy importante que hicimos con esto fue justamente tomar los 6 aparatos que se están manejando en el mercado e irlos testeando desde los 0 metros, o sea desde los 200 metros a nivel de mar, hasta los 5.500 metros del nivel del mar. Eso no es sólo que nos va a servir para lo que queríamos saber, sino para saber cuál es hoy en el llano el aparato que tiene mayor precisión. Estos son estudios que no te los brinda nadie, y nosotros lo pudimos saber; cómo funcionan los aparatos, cómo reaccionan las Insulinas, un montón de cosas que son parte del proyecto.

Esto fue la demostración, ahora viene la transmisión. Entonces, esa devolución hacia el resto, sacamos datos, comunicárselo a la gente, y que la gente amplíe lo que tiene que ver con el conocimiento y la experimentación que hicimos nosotros, para que no haga los mismos errores, o a partir de ese error pueda justamente tener alguna precisión más en como manejarse.

-Ya que nos contabas sobre la Insulina y los diferentes aparatos para controlar tu Diabetes, ¿cómo fue tu monitoreo y tu insulinoterapia durante este experimento del ascenso?
-Fue más allá de las meras conclusiones, porque nosotros no tenemos estadística, tenemos casuística, porque la estadística son 10 mil casos, nosotros tenemos 5. Lo que pudimos sacar con esos 5 casos es que hay que tener una prevención muy especial con el tema de las Insulinas, porque se pueden congelar, y una Insulina congelada es una Insulina que no sirve.

Hay muchas diferencias en lo que tiene que ver con la temperatura, entonces durante la noche teníamos que tener la Insulina con nosotros dentro de la bolsa, con los aparatos, dentro de la bolsa de dormir. Estamos hablando de que estamos durmiendo adentro de la carpa con una temperatura de 18 a 20 grados bajo cero, dentro de la carpa. O sea que afuera había 30, 40 grados bajo cero… se congela el agua a medida que la tirás, antes de caer al piso.

Entonces, cualquier exposición a esto hace que no sólo se acabe la expedición, sino que se te compliquen bastante las cosas. La asimilación de lo que tiene que ver con la alimentación, de repente por uno estar en la montaña y sentirse más limitado, no asimila todo, pero sí podemos sacar la conclusión de cómo son los protocolos al menos, que nos dio a todos igual, de cómo manejar la basal y cómo manejar las Insulinas de corrección, porque vimos que había que bajar las dosis de unas, y de otras aumentar, que fue un parámetro que nos dio a los 5 igual, entonces una tendencia al respecto tiene que haber.


Habrá que evaluarlo en más casos, pero fue algo que nosotros fuimos aprendiendo durante el momento. Nos dimos cuenta que los aplicadores no funcionaban, cargaban presión, juntaban aire, no hacían la aplicación correcta, entonces tuvimos que volver al tema de jeringas, fue como que retrocedimos de un momento para otro. Así que fue todo con jeringas, porque nos dimos cuenta que los aparatos no estaban funcionando, ciertas dinámicas que uno va haciendo y asegurando, entonces sobre el error vas aprendiendo.

Uno se va dando cuenta de qué está pasando y tratábamos de ser lo más precisos posibles que se puede, porque, -vuelvo a decir-, 30 grados bajo cero, hacerse un control, a la altura, es difícil, igual no dejamos de hacer todo un protocolo de cada uno y hacer los estudios que hacíamos, si acá hacemos 5, 6 por día, allá estábamos haciendo de 8 a 14 más o menos, todos los días, anotar lo que estábamos comiendo para después, en frío, poder analizar esos valores y saber como uno se está manifestando en eso, para después compararlo con el resto.

Después nos juntamos más tranquilos en la base y vemos cómo nos dio. Y bueno, ahí vemos, la basal tiene que reducirse en tal porcentaje, la Insulina correctiva o la ultrarápida tiene que ser en este punto, y bueno, después ver la manifestación de los aparatos, a ver cuál funcionaba, cuál no funcionaba, hicimos estudios de cetonas también, cómo el cuerpo se manifestaba en esto, e hicimos controles antes y después para saber qué fue lo que pasó con el cuerpo, porque se deprimió de tal forma que nosotros sabemos que perdimos un porcentaje muscular importante y un porcentaje graso también bastante importante, entonces el cuerpo que es el que gastó mucho más arriba, y saber en este porcentaje cuánto fue lo que significó.

-En materia de alimentación ¿cómo era su rutina?
-Exactamente como la de acá. Como uno está medio desganado, se llevó mucha comida para tratar de comer lo más sabroso posible. No es que se come al paso, uno trata de hacer unos fideos con una salsa, tratar de ponerle algo más para motivarse a comer, porque lo primero que te da en la montaña es falta de hambre, uno se tiende a mover, pero le cuesta todo, caminar 10 metros te cuesta, ir a buscar agua, nos obliga a comer, y una de las motivaciones era justamente hacer comida sabrosa. Hicimos picadas, tratamos de comer lo mejor posible. Claro que dentro de lo que significa el costo de eso, porque trasladar peso allá es impresionante. Entonces llega un momento en el que estás entre lo que llevás y lo que necesitás. Y tenés que decidir. Entonces todo el tiempo estaba haciendo decisiones, todo el tiempo es una logística tan importante, y en el caso nuestro el “por las dudas”, que otros no lo pueden tener.

Entonces, el “por las dudas” pesa más que lo que uno realmente necesita. Nosotros siempre tenemos que tener un back up, un respaldo de algo más, que nunca se sabe bien cuánto es. Porque uno prevé que se a estar todo un día fuera de la casa es una cosa, pero si tenés que preparar algo para los próximos 15 días, no sabés. A mí me pasó por ejemplo que hice un porteo hacia un lugar, mandé las cosas en mulas hasta lo que era la plaza de mulas, y en el trayecto intermedio, manejé cierta cantidad de fructosa o glucosa para 4 días, y al segundo día ya me había terminado todo, entonces tuve que recurrir a los otros y darme cuenta cómo en el futuro teníamos que manejar las cosas, y después en definitiva no se usó. Entonces de repente el “por las dudas” llevábamos muchas cosas que de repente se iban usando, e íbamos haciendo bases y descartando esas cosas sino es inviable, es imposible subir con una tienda para arriba.


-¿Cómo te sentiste física y psicológicamente durante el ascenso?
-Psicológicamente tranquilo, que fue una de las cosas que traté de hacer, salir de lo que es la competencia, esto no es una carrera, es una cuestión de etapa, de progresión, de llevarlo lo más tranquilo posible. Entonces en mi mente lo que traté de hacer es la mayor calma posible, la mayor concentración posible, y en lo físico muy mal. Pero no es una cuestión que me dio a mi: a todos. Todo el mundo se siente mal, te duele la cabeza, estás en una etapa como de somnolencia muchas veces, como fue el caso de los chicos, te sentás y te dormís, por el aire, pero el estado general particular de uno, no es bueno.

Cuando hablás con el resto del grupo, el grupo muy fuerte, muy contenedor, eso eliminaba todo, el saber que el otro está igual, el seguir, el llevarlos para adelante, es un grupo especial también, eso hace que haya mucha fortaleza. Eso también juega a favor hasta cierto punto, de decir hasta dónde vamos con la fuerza y con las ganas, porque no nos olvidemos que estamos en la montaña.

Muchas veces me dieron ganas de desistir, pero vos no decís “me vuelvo y me voy para mi casa y me tomo un taxi”, cuando vos decís “no puedo más” te tenés que quedar dos días. Y uno cansado hoy, no sabés si te queda medio día, o uno, o algo más. Porque vos podés estar bien, subís 100 metros y te sentís muy mal, y en ese momento que te sentís muy mal todavía te tienen que quedar dos días de piernas para poder bajar. Entonces ¿quién se puede morir por anticipado? Nadie. No hay forma.

Es uno de los mayores inconvenientes que tiene esto, que la gente cree que la cumbre está arriba y el 90% de los accidentes ocurren en la bajada, porque la gente dejó todo en la subida y no pudo bajar. A diferencia de lo que uno piensa, la cumbre no es la terminación, la cumbre es parte de lo que es el retorno. Si yo hago un camino de ida y vuelta, la cumbre está antes de llegar a pegar la vuelta. Porque en la vuelta estoy más cansado, anímicamente mejor, pero más cansado, porque las ventanas que se abren de tiempo no son tan largas, cuánto más tiempo bueno tuve de ida, más tiempo bueno te queda adelante, entonces tenés que apurarte para bajar, hay una logística muy interesante.

Es un lugar riesgoso. O sea, las expediciones que venían con nosotros, apegados a nosotros, no justamente con nosotros, después bueno de hecho nosotros no pudimos llegar hasta la cumbre porque se cerró, por una ventana bajamos, otras personas que quisieron subir las terminaron bajando, y no hubo más ascensos en lo que fue la temporada. Fueron 78 las personas rescatadas y 6 los muertos. O sea que me fue mal. Ahí cuando te va mal es que morís, no hay término medio. Estoy bien, o estoy mal. O pagas las consecuencias. Un dedo, un pie, o la vida.


Al lado nuestro estaban unos polacos, a uno de ellos le armamos la carpa, él se fue para arriba, insistió, hablamos poco, porque estuvieron un día ahí con nosotros, y a los dos días lo encontraron muerto, y el chico que venía con él se perdió. Y en la decisión que nosotros teníamos de si subíamos o bajábamos, dijimos “a este punto llegamos y volvemos”, y el de la expedición inglesa que estaba al lado, dos fueron rescatados, dos murieron y dos están desaparecidos. Hoy revisaba fotos y se veía de fondo el campamento de los ingleses, y ahora sé que de esos 4, por lo menos 1 ya no volvió, porque sólo dos volvieron, por lo menos podemos pensar que está desaparecido, si hay 4 que veo en el campamento y sabemos que sólo dos fueron rescatados, sabemos que hay 2 de esa foto que ya no están.

-Sabemos que los acompañó una bandera la Fundación Diabetes Uruguay…
-Sí, bueno llevamos la bandera firmada por todos los chicos que justamente fue parte de acompañar todo esto que fue el proyecto, el proyecto Bandera al Cielo cuando se presentó acá justamente motivó a un grupo de padres que ya venían trabajando, pero fue un empujoncito a que lograran lo que es la Fundación, en ese momento era un proyecto nomás. Ahora es un hecho, con colores, con ese logo, con esa forma, y con toda esa historia de actividades que han llevado atrás. Justamente en esta charla de hoy venimos a traerla, en cierta forma no sé si a devolverla o a pedirla prestada para seguirla usando durante un tiempo, y la firmamos diciendo “el día 11 y 12 de febrero del 2011 la bandera estuvo a 5.500 metros de altura”, entonces sabemos que podemos volver nosotros, puede volver otro, pero sabemos que esa bandera va a seguir subiendo, por nosotros o por otro, entonces sería bueno que sepan, porque la bandera dice “con Diabetes se puede”, y es representativa de que con Diabetes sí se puede, y si es así, alguien la va a llevar más arriba, alguien la va a llevar más lejos, alguien la va a llevar más rápido, ese es el mensaje.

-¿Qué significa para ti como persona diabética, haber podido realizar este desafío, este experimento?
-Son sensaciones encontradas, porque uno ha vivido toda la vida detrás de este tipo de cosas, entonces hoy particularmente no me llaman tanto la atención, si bien son de respeto cualquier actividad que no tiene que ver con lo mío, que es el triatlón, pero es una experiencia nueva, pero fundamentalmente sentí el apoyo que esto trascendía la individualidad de hacer un hecho o una prueba deportiva personal, sino que tiene que ver en la trascendencia de saber que uno puede comunicar algo, que más allá del nombre, o de la persona, alguien diga “si llegaron ellos, nosotros también podemos llegar”.

Siempre va a estar ese que no se anima, y que dice “si está ahí, yo puedo llegar”, y está el que dice “si ellos llegaron hasta ahí, yo puedo pasar eso”, entonces esa motivación, que uno como profesor, como maestro trata de transmitir, creo que se ve muy representada en esto. Entonces no de momento, sino cuando vas imaginando la montaña, y vas subiendo, hay ciertas imágenes que hay mucho tiempo para pensar, que la cabeza te trabaja bastante, hay muchos momentos de emoción, pensás en la familia, pensás en los hijos, pero por ahí representando lo que podía decir, hablaba con los médicos de Parque Nacional, que nos estaban esperando, nos acompañaron, estaban muy curiosos de saber cómo era esto.

Les dije que mi hijo no tenía Diabetes, y en él, por ahí puedo representar a todos los chiquitos que sí la tienen, pero si en suerte o desgracia le toca a mi hijo tenerla, que sepa que no tiene un padre flojo, que pudo hacer esto, que puede hacer más, y que en él se representen todos los chicos que sepan que hay una alternativa diferente. Por lo personal, planté bandera en ese lugar, entonces, de acá hasta 5.500 metros, hay todo. Hay otro que la puede llevar más arriba, pero ya está a 5.500 metros, que es bastante.

-¿Tenés algún mensaje final para los lectores de Diabetes al Día?
-Sí, que el mayor desafío es la educación. Porque la Diabetes no se cura, pero sí se puede atender completamente. Y el arma fundamental no es ni la Insulina, ni los controles, ni los aparatos, ni la bomba, la verdadera cura está en la educación, porque si yo no tuviera Diabetes, por ahí estaría padeciendo otras cosas, porque la Diabetes a mí, hasta los 17 años me era una incógnita, me era desconocida, como otra cantidad de cosas.

Antes de los 17 años mi salud dependía de la suerte, y a partir de la Diabetes, mi salud depende de mí. Entonces creo que el mensaje que hay que dar, es que sea Diabetes, sea hipertensión, sea celíaco, sea lo que sea, la palabra es educación. Si es con acción, si es con movimiento, que es el área que me toca a mí, bueno bienvenido, bárbaro, pero para esto tuvimos que aprender mucho antes de empezar a correr.

fuente: Diabetes al día

Entrevista de Michel Festorazzi (Keniata Producciones) a Abayubá Rodríguez en ocasión del Supertria Piriápolis 2011

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