viernes, 27 de septiembre de 2013

Entrevista a Romilda Porrini: correr como forma de vida.

"Comenzó a correr como ejercicio complementario y nunca más paró. Un deporte que la llevó a correr distancias de 500 km, llenos de desafíos físicos, pero sobre todo mentales. Cómo conjuga su pareja, la familia y el trabajo con un deporte que le exige varias horas diarias de entrenamiento. Asegura que todos podemos correr, las barreras se las pone uno mismo."

Entrevista de "Mujer Mujer":

¿Cómo empezaste a correr?

Siempre me gustaron los deportes. Cuando era chiquita iba al club y de adolescente hacía handball. Luego empecé a estudiar, soy veterinaria y me encantan los caballos, así que comencé a practicar equitación. Pero un día salí a correr por la rambla, porque pensé que estaba bueno complementar la equitación con otro ejercicio más aeróbico. Me había puesto como meta una carrera de 10 k. Siempre me encontraba con un viejo compañero de clase con el que terminamos saliendo a correr juntos. No es fácil encontrar motivación si lo hacés solo.

¿Y tu primera carrera?

Con este compañero siempre comentábamos sobre las carreras de aventura, las Eco-Challenge que veíamos por la tele y nos gustaban tanto. Un día me llama y me dice “¿no querés correr una carrera de aventura? Tengo un amigo que me invitó, quiere formar un equipo y no tenemos chica”. Las carreras de aventura, si bien después se abrió un poco el formato, nacieron con equipos mixtos. Tiene que haber por lo menos un integrante del sexo opuesto. Le comenté que me gustaba la idea, pero que no tenía bicicleta, sólo una Ondina de tres cambios, y no sabía las distancias. Resultó que la carrera era de 75 kilómetros. De los cuales la mitad era en bici, otra parte corriendo y después había que remar. Imaginate que si no tenía bicicleta, mucho menos sabía remar! Pero igual fuimos a la carrera. Me prestaron bicicleta. Me enseñaron a remar un viernes y la carrera era el sábado. Me encantó la carrera y llegamos a la meta. Allí conocí al otro integrante con quien seguimos corriendo. Empezamos en el año 2002 y formamos el equipo de la revista Uruguay Natural. Después seguimos entrenando. Corríamos y yo salía en mi bicicleta dos veces por semana, pero sin tener muy claro si lo que hacíamos estaba bien. Ese año corrí dos o tres carreras más. Me enganché y no paré más.

¿Hay diferentes tipos de carreras? Vos la llamaste Challenge…

Las carreras de aventura son multidisciplinarias. Te dan un mapa y tenés que cumplir un recorrido. La primera disciplina es la orientación, hay que orientarse con brújula. Tenés que ir pasando por diferentes puestos de control, donde te controlan que vayas haciendo ese recorrido. Vos elegís cómo llegás al puesto del control. A su vez las carreras incluyen diferentes disciplinas; casi siempre hay bici de montaña, remo y trekking –que es la corrida a todo terreno–. También puede haber nado, cuerdas, rappel ascenso o descenso. No sabés el recorrido hasta que llegás a la carrera. Varían las distancias, desde 75 km hasta 600 km. El triatlón también es interdisciplinario. Pero son tres disciplinas: nado, bici de ruta y corrida. En ese orden siempre, y el recorrido y la distancia están preestablecidos. Tenés las categorías short, olímpico, el medio Ironman y el Ironman, dependiendo de las distancias. El Ironman que son 4 km nadando, 180 km en bici y 42 km corriendo.

¿Qué te gusta más?

La carrera de aventura es mucho más agreste, más emocionante si te gusta conocer lugares nuevos, conocer gente. Yo tuve la suerte de ir a una carrera en Sudáfrica, que fueron 500 km pasando por pueblos, cavernas y lugares que el turista común no va a conocer. Conocés la esencia de la gente. En Brasil por ejemplo, hacía mucho calor y teníamos que entrar a las casas a pedir agua. Casas que no tenían puertas y en los baños había tarrinas con agua dónde la gente se bañaba. Ellos nos dejaban pasar para refrescarnos y salíamos caminando por la casa de hormigón. Con las carreras de aventura conocés culturas. Sin embargo el triatlón lo defino como una disciplina que hacés si te gusta el deporte y superarte físicamente. Va por otro carril.


¿En qué disciplina te especializás hoy?

Hoy estoy entrenando para varios triatlones en categoría medio-Ironman. Empiezo en diciembre en Punta del Este, después en Pucón en Chile. Luego en febrero en Colonia, y tal vez en Mar del Plata. De todas formas el entrenamiento físico de triatlón te permite correr aventura. Aunque en las carreras de aventura juega mucho la cabeza, porque nadie te prepara para correr cinco días seguidos, a no dormir y llevar tu comida en la mochila, a comer andando en bicicleta o remando. De repente estas muy bien físicamente y no te aguanta la cabeza.

¿Cuál fue tu mayor desafío en ese sentido?

La primera carrera de aventura larga, que se llama “El Desafío de los Volcanes” en La Patagonia. Lo máximo que había corrido eran ciento y pocos km. Un día me llaman del Team Uruguay y me invitan a correr esta carrera porque les faltaba chica. Eran 500 km, todo un desafío! Corté el teléfono y les dije que tenía que hablar en el trabajo, pero en realidad tenía que consultarlo con la almohada. Pero hay trenes que pasan sólo una vez. Al final me decidí y fui.

¿Cómo fue la experiencia?

La carrera arrancó con 100 km de remo; eso significa 20 horas arriba de un kayak. Y la cabeza te tiene que aguantar. Por mejor entrenamiento que tengas, estás sentadito 20 horas, vas a comer mal, te va a venir sueño. En las carreras de aventura realmente te conocés a vos mismo y conocés a la gente. A todos nos educan para respetar determinadas pautas sociales. En estas competencias llegás al límite y se desdibujan esas pautas. Tenés hambre y de repente le errás en el cálculo de las horas, tu compañero que orienta hizo que el equipo se perdiera. En esos momentos tenés que tener conciencia plena de que somos un equipo, juntar todo lo que haya en las mochilas, comer lo que se pueda y racionar el agua. Tenés que manejarlo con la cabeza.


¿Qué fue lo más extremo que viviste?

Estábamos subiendo el volcán Villa Rica. Los volcanes tienen lenguas que son una especie de filos por donde subís. Era de noche y subimos por una lengua equivocada que nos hizo entrar al volcán. Cuando amaneció estábamos rodeados de hielo, caminando sobre el agua congelada, lo cual es muy peligroso. Es de noche, tenés miedo, ves precipicios y pensás todo el tiempo que si le errás, te caés. Cuando logramos bajar para volver a subir y tomar la ruta correcta, nos agarró una tormenta de nieve. Allí nos caímos y nos tuvieron que venir a rescatar. Eso fue realmente peligroso, y no porque no hayamos tomado las precauciones necesarias. Pero el clima de la montaña es totalmente inesperado.


¿En las carreras conociste a tu marido?

Sí, lo conocí en una carrera de bicicletas de montaña en Minas. Él hacía sólo triatlón, y fue por él que me enganché con esa disciplina y él se enganchó con las carreras de aventura. Ahora entrenamos juntos. Si uno lo hiciera solo, no sé si sería posible aguantar una familia y un trabajo. Estás trabajando todo el día, y llegás para decir “mi amor, me voy a andar en bicicleta dos horas”. Y tu amor te espera en la casa con los nenes haciendo la cena. O van a un cumpleaños y decís “me quiero ir a las once porque mañana me quiero levantar a las siete para ir a nadar”.


¿Cuánto entrenás por día?

Como base son dos horas por día; y cuatro los fines de semana. Algunos días tratamos de hacer doble horario, que sería ideal poder hacerlo todos los días. Consideramos que no entrenamos lo que deberíamos, pero hacemos lo que podemos en base a la familia y el trabajo. Cuando se acercan las carreras es la misma cantidad de horas, pero subiendo la intensidad de los trabajos.

¿En qué trabajás?

Soy veterinaria y trabajo en el ejército con los caballos desde hace 14 años.

¿Cómo combinás el entrenamiento con un trabajo de horario fijo?

Se me complica más para las idas a las carreras, pero tengo todo el apoyo de mi trabajo. Nunca tuve problemas con las licencias, eso es fundamental. La carga horaria me permite entrenar. Se me complica más ahora que tengo un nene de dos años y medio, porque me cambió la cabeza. Muchas veces priorizo estar con él. Antes trabajaba y entrenaba todo el tiempo que me quedaba libre, porque no tenía ninguna otra responsabilidad. Ahora, aparte de la responsabilidad, me gusta pasar tiempo con él. Es muy importante para ambos. Eso me condiciona. Además mi esposo tiene dos hijos de su anterior matrimonio, que están tres veces a la semana con nosotros. Es buena la vida familiar. Si bien es la edad ideal para entrenar, y tenés la aspiración de estar bien físicamente para poder competir, los nenes son chicos una vez en la vida.


¿Ellos se involucran en esa parte de ustedes del deporte?

Pobres de ellos que no! (se ríe). Nos gusta que nos acompañen. Por ejemplo, en la media maratón de Montevideo, mi esposo que no corría, iba con mi bebé en la sillita de la bici. Viven el deporte, es inevitable. No sé si después lo amarán, lo odiarán, nos acompañarán o no. A las carreras de aventura va gente hasta de 60 años, y siempre hacemos bromas diciendo que capaz que alguno de ellos termina corriendo con nosotros. Y hacemos un equipo familiar!

¿Cómo es tu alimentación?

No como mucho frito. Y trato de no matarme, pero la verdad es que como todo. Es muy difícil cuando tenés niños chicos. En la vida cotidiana no tengo tiempo para decir “preparo tres menús”. El día que les hago panchos, me preparo otra cosa. Pero tratamos de comer lo más sano que se pueda, porque sabemos que es fundamental. Si uno fuera deportista “de elite” tendría que comer de una forma determinada.


¿Te financiás todo vos o tenés apoyo comercial?

El apoyo comercial que tengo hace muchos años es de New Balance. Tanto con indumentaria, cómo con las carreras que organizan. Incluso cuando estaba embarazada me siguieron apoyando, ¡me daban ropa más grande! (Risas) Con el embarazo seguí haciendo deporte. En el resto de las cosas nos auto-financiamos.

¿Cuál es tu sueño vinculado al deporte?

Correr un Ironman entero, y clasificar para el mundial en Kona, Hawai, que es la frutilla de la torta. Todos los años hay un clasificatorio. Tenés categorías por edad y los deportistas de elite que son los profesionales. Ningún uruguayo ha clasificado hasta el día de hoy.

¿Qué te aleja de eso?

La cantidad de horas que tengo que entrenar por día. Si estoy entrenando dos horas y corro medio Ironman, debería aumentar el entrenamiento a casi el doble si quisiera hacer un buen tiempo para clasificar.

¿Has visto accidentes complicados en tus competencias?

Más que nada fracturas o deshidrataciones. Se ven menos de lo que la gente cree. Accidentes realmente graves nunca vi. Más que nada fracturas o deshidrataciones. Se ven menos de lo que la gente cree. Accidentes realmente graves nunca vi.

¿Sentís que hay una moda en esto de correr?

Sí, creo que sí. Me parece que es bueno que la gente lleve una vida un poco más sana. Hay toda una corriente de tratar de comer mejor, de hacer más vida al aire libre. El ser humano está muy encerrado, demasiado trabajo de oficina, y le falta contacto con la naturaleza. Lo más grave son los niños. Estoy tratando de que mi hijo crezca más al aire libre, que le guste estar en contacto con la naturaleza, disfrutar y conocer animales. ¿Quién dijo que nacimos para estar en un edificio de hormigón y andar todo el tiempo en auto? La gente cada vez se mueve menos. Ves correr a los nenes y te das cuenta cuando son demasiado cibernéticos; corren diferente que los que se crían al aire libre. Hoy en día corre mucho más gente que cuando empecé a correr.


¿Así que lo ves como positivo?

Sí, aunque también me parece que no hay que obsesionarse. Está bueno que la gente aproveche esta moda y salga a correr. También mucha gente lo usa socialmente. Han crecido montones los grupos de entrenamiento y es muy bueno porque la gente los usa para motivarse. A veces es difícil encontrar la voluntad.

Hay gente que se tira a correr sin la preparación necesaria, y por eso después sufre lesiones.

Si recién se empieza, no podés pretender ir a los 10 k y poner 40 minutos. No hay que sobre exigirse porque después surgen las lesiones. Pero hay más gente que cree que no puede y por eso ni siquiera lo intenta. Yo tengo amigas que no hacen nada que me dicen “yo correr no puedo, voy a caminar” Y yo me pregunto: ¿por qué no podés correr? Que yo sepa no soy extraterrestre y un día empecé a correr. Falta entender que todo el mundo lo puede hacer. Hay gente que corre en 29 minutos, otra en 35 minutos, otros que ponen una hora y gente que camina-trota una hora y media. Creo que es más una limitante mental, pero todos pueden hacerlo.

¿Qué le decís al que está arrancando?

Primero una advertencia: es un deporte que genera vicio. Una vez que se empieza, si realmente se meten, no se para más, es un viaje sin retorno. Segundo, lo que comentaba recién: se puede. Paso a paso y sin exigirse de más. Uno tiene que escuchar su cuerpo. Si hoy corriste 15 minutos y te dolieron las piernas, mañana corré diez y caminá cinco. Pasado corré 11 y caminá cuatro. Y así lo vas a poder hacer. Mañana estás corriendo."

fuente: "Entrevista a Romilda Porrini: correr como forma de vida." de Mujer Mujer (VER)

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